Daphnia 63: ¿Cuánto hay que reducir las emisiones para evitar un calentamiento global peligroso?

¿Cuánto hay que reducir las emisiones para evitar un calentamiento global peligroso?

Begoña María-Tomé

Un ánalisis de las emisiones de gases de efecto invernadero muestra la falta de compromiso real de los gobiernos

Desde el inicio de las mediciones de alta precisión de CO2 en la atmósfera en 1958, la concentración media anual de CO2 no ha parado de crecer, a pesar de los esfuerzos internacionales y de las negociaciones para acordar compromisos globales para la reducción de emisiones dentro de la Convención Marco de Naciones Unidas de Cambio Climático. Se han superado los niveles conocidos de concentración de CO2 en la atmósfera, sin precedentes desde hace, por lo menos, 800.000 años. En 2014 la concentración media en la atmósfera fue de 398.55 partes por millón (ppm), según el Observatorio Mauna Loa de Hawai.

 

El objetivo en la próxima Cumbre de Cambio Climático de París es alcanzar un nuevo acuerdo internacional aplicable a todos los países, con el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC.

De acuerdo con el documento científico de referencia, el Quinto Informe de Evaluación del Panel Internacional de expertos de Cambio Climático (IPCC), para tener mayores posibilidades de permanecer por debajo de los 2ºC a costes razonables deberíamos reducir las emisiones entre un 40 y un 70% a nivel mundial entre 2010 y 2050, y disminuirlas hasta un nivel nulo o negativo en 2100. Esto equivale a un escenario de 450 ppm de concentración de CO2 a finales de siglo.

La transición energética necesaria requiere una descarbonización global rápida y sostenida de las principales economías mundiales, de alrededor el 6.3% cada año, el doble de la actual, según PWC.

Si en la Cumbre de Copenhague el objetivo mundial de descarbonización era 3,5%, hoy seis años después, esa cifra se multiplica por dos. Esto no hace sino señalar la urgencia de acciones climáticas ambiciosas y coordinadas a nivel mundial. Cuanto más tardemos en llevar a cabo las medidas, mayores serán los costes económicos y los riesgos climáticos que asumiremos. El fracaso de Copenhague no ha salido gratis.

La mayoría de los gobiernos ya han comunicado a la Convención Marco de Naciones unidas sus objetivos y planes sobre cómo van hacer frente a las emisiones, y lamentablemente los compromisos anunciados nos llevarían a un calentamiento global de alrededor de 2,7°C para finales de siglo (mientras que la tendencia global de las actuales políticas nos acerca a 3,6 ºC), según los análisis del Climate Action Tracker, que coinciden con los de la Agencia Internacional de la Energía.Otros análisis, como el del PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente), apuntan a incrementos más altos, entre los 3 y 3,5ºC.

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Un planeta 3ºC más caliente sufriría la acidificación de los océanos, frecuentes olas de calor y sequía que desafiarán el suministro mundial de agua y de alimentos, efectos importantes de migración y conflictos sociales. Además aumentaría el número de especies en peligro de extinción incapaces de adaptarse a un cambio climático tan abrupto –actualmente ya diez veces más rápido por la acción humana que cualquiera ocurrido en los últimos 65 millones de historia del Planeta-. También crecería lafrecuencia en la aparición de eventos climáticos extremos causando pérdidas de vida y graves daños en las infraestructuras y la actividad económica.

 ¿Qué países y qué sectores son los principales emisores de carbono?

Los niveles globales de emisiones de CO2 en la atmósfera sonhoy unas 180 veces superiores a los de 1850. En 2013 ascendieron a 36.131 MtCO2 (según Global Carbon Atlas).

El sector energético (la producción de energía y el transporte) es la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero, contribuyendo con más del 75%. Esto señala la urgencia de una transformación drástica del sector energético para el año 2050, con objeto de evitar los peores impactos del cambio climático. Si bien es cierto que actividades como la agricultura representan una proporción notable en las emisiones de países como Brasil y Australia.

La distribución geográfica de las emisiones a nivel mundial es muy desigual, los 10 mayores emisores contribuyen con el 72% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, mientras que los 100 menores emisores no alcanzan conjuntamente ni el 3% de las emisiones mundiales. De ahí la importancia de aumentar la ambición en los países y regiones más emisoras y con mayor capacidad para lograrlo.

Los diez países más emisores (datos de 2013) son: China (27,6%), Estados Unidos (14,5%), India (6,6%), Rusia (5%), Japón (3,4%), Alemania (2,1%), Corea del Sur (1,7%), Irán (1,7%), Arabia Saudí (1,44%) y Canadá (1,39%).

Atendiendo a las emisiones per cápita, la distribución es todavía muy desigual entre los 10 principales emisores. Las emisiones por habitante de Estados Unidos son 8 veces superiores a las de la India, las de Canadá o Rusia son el doble que las de China, y las de Alemania o Japón la mitad que las de Arabia Saudí.

En relación a la evolución histórica de las emisiones es evidente que de 1850 a 1960 los países industrializados dominaron la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. A partir de 1960 emergen nuevos grandes emisores, los países asiáticos liderados por China. Paralelamente países como Reino Unido estabilizan sus emisiones, Rusia las reduce por efecto de la disolución de la Unión Soviética y EEUU va perdiendo peso en las emisiones globales, aunque se mantiene como el mayor emisor hasta 2005.

Si tenemos en cuenta esta responsabilidad histórica desde 1850, la contribución por países de las emisiones acumuladas de CO2 a la atmósfera es la siguiente:

 

Acciones necesarias para evitar un cambio climático peligroso

Distintas organizaciones internacionales de la sociedad civil -incluida laConfederación Sindical Internacional- han valorado los objetivos de reducción anunciados por los distintos países en función sus responsabilidades históricas y sus propias capacidades.

Su conclusión es clara: los países en desarrollo han excedido o cumplen sobradamente su cuota justa para reducir las emisiones, mientras que la mayor parte de los países desarrollados se quedan muy lejos. Por ejemplo: Rusia habría planteado una contribución nula respecto a su cuota justa; Japón, una décima parte de su cuota justa, y Estados Unidos y la Unión Europea, sólo habrían asumido una quinta parte del esfuerzo deberían haber asumido cada uno.

Por tanto, los países deben aplicaracciones para cerrar la brecha de emisiones que nos derive a un cambio climático peligroso. Estas acciones deben estar encaminadas a:

  • Que el acuerdo de París consagre un esquema que asegure que los compromisos nacionales y los objetivos globales se definan de acuerdo con la ciencia y la equidad;
  • Que el acuerdo de París incluya un mecanismo fuerte para revisar al alza los compromisos nacionales para lograr el objetivo de los 2ºC (ó 1º,5ºC si fuera posible).
  • Incrementar los nuevos compromisos para financiar la mitigación, adaptación y las pérdidas y daños en los países en desarrollo.
  • Aumentar las acciones para lograr una transición energética sostenible global que suponga el abandono definitivo de las energías sucias y redirija la financiación a un nuevo modelo energético protagonizado por el ahorro, la eficiencia y las energías renovables.

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