La ingeniería genética, para bien o para mal

Jeremy Rifkin: El siglo de la biotecnología. Crítica/ Marcombo, Barcelona 1999, 260 págs. Traducción de Juan Pedro Campos. 

Después de su bestseller mundial The End of Work (El fin del trabajo, que en España publicó Paidos en 1996), el prolífico ensayista y tenaz activista ecológico estadounidense Jeremy Rifkin (1945), ha vuelto a encontrar el camino hacia las ventas masivas con El siglo de la biotecnología. Creo que este libro es útil, oportuno, y servirá para arrojar algo de luz en el intenso debate sobre las aplicaciones de la ingeniería genética (y otras nuevas biotecnologías) que en los últimos años sacude el mundo entero.

El último decenio del siglo XX, nos asegura Rifkin, ha presenciado dos avances impresionantes que moldearán el siglo que viene: se trata del maridaje entre genética e informática por una parte, y por otra del paso a la comercialización masiva de productos transgénicos, tras dos decenios de investigación en los laboratorios. “Es probable que sean más fundamentales los cambios en nuestra forma de vida en las próximas décadas que en los mil años anteriores” (p. 20), cambios determinados por una revolución tecnológica que sustituirá por las biotecnologías el predominio de las pirotecnologías que durante miles de años permitieron a la humanidad dar forma a su entorno con la ayuda del fuego. Rifkin identifica siete elementos de la nueva “matriz operativa”, y los analiza en sucesivos capítulos del libro:

  1. La capacidad de aislar, identificar y recombinar los genes hace que por primera vez en la historia podamos disponer del acervo génico de la biosfera como materia prima básica de la actividad económica futura (capítulo 1).
  2. La concesión de patentes sobre la vida (genes, estirpes celulares, tejidos, órganos, organismos completos) da a los mercados el incentivo comercial para explotar los nuevos recursos (capítulo 2). 
  3. La mundialización económica hace posible “una nueva y completa siembra de la biosfera terrestre con un segundo Génesis concebido en el laboratorio, una naturaleza bioindustrial producida artificialmente y destinada a reemplazar la pauta evolutiva de la naturaleza” (p. 26) (capítulo 3).
  4. La genómica (muy especialmente la secuenciación del genoma humano), los avances en “reprogenética” y la terapia génica preparan el camino para la alteración biológica de la especie humana y el nacimiento de una civilización eugenésica impulsada por la economía mercantil (capítulo 4).
  5. La sociobiología y una reinterpretación de la biología en términos de la cibernética y la informática produce un contexto cultural propicio para la aceptación de las nuevas biotecnologías (capítulo 5). 
  6. El ordenador y la telemática proporcionan el medio de comunicación y organización que permite gestionar la información genética en que se basa la economía biotécnica. Las tecnologías de la información y la genética se funden en una nueva y poderosa realidad tecnológica (capítulo 6). 
  7. Una nueva cosmovisión “está sitiando ya la ciudadela neodarwiniana con una visión de la naturaleza compatible con los supuestos operativos de las nuevas tecnologías y la nueva economía global” (p. 26) (capítulo 7).

Lo que más impresiona al lector consciente de la terrible fama que Rifkin tiene entre los “tecnoentusiastas” de la ingeniería genética (fundamentalista, luddita, irracionalista, enemigo de la ciencia y del progreso, alarmista, apocalíptico...) es la moderación y sensatez del punto de vista que expresa en este libro. Plantea las preguntas que cualquier ser racional se haría ante una innovación tecnocientífica de tal potencia que puede literalmente transformar el mundo entero; sopesa los pros y los contras; junto a las advertencias sobre los riesgos hallamos siempre indicaciones sobre las aplicaciones positivas de las nuevas biotecnologías. “Son realmente valiosos, muy valiosos, algunos de los productos de la ingeniería genética, y por eso la discusión sobre esta última palabra de la tecnología es tan interesante, difícil y estimulante”, nos dice el autor (p. 14). El ex-director de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, señaló irónicamente en cierta ocasión: “La biotecnología es la respuesta, pero ¿cuál era la pregunta?” El libro de Rifkin intenta precisamente formular las preguntas adecuadas para despertarnos del sonambulismo tecnológico.

Jorge Riechmann

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