Cuando desde las ONG decimos que la certificación forestal debe ser creíble, nos estamos refiriendo a la esencia de la certificación, al elemento clave sin el cual la certificación no es útil. Siendo pragmáticos, solamente aquellos sistemas que gocen de la confianza de los consumidores podrán alcanzar, con eficiencia económica, los objetivos de conservación de los valores ambientales y sociales de los montes.
Especialmente durante los últimos tres años, ha cobrado gran importancia el debate sobre la certificación forestal y su futuro en nuestro país. Se han celebrado jornadas técnicas y cursos en los que la discusión sobre los estándares de gestión se ha antepuesto a la propia estructura y contenido de los sistemas. En este sentido es necesario promover, especialmente entre gestores propietarios e industria, un ejercicio de comprensión más amplio sobre la certificación para poder entender que la elección de un sistema de certificación debe ir más allá de la de los propios estándares de gestión. Para ello es necesario detenerse en el análisis de los canales que se ofrecen a la participación y a la representatividad de los distintos grupos de interés así como a la conexión efectiva entre la gestión y los consumidores, eslabón final de la cadena.
FSC es el único sistema de certificación que de forma equilibrada ha sido capaz de sentar en la mesa a los distintos grupos de interés de la gestión forestal. Un equilibrio de intereses que no es solamente concebido en lo social, ambiental y económico, sino también en la equidad entre los países del Norte y del Sur. FSC garantiza la representatividad real de intereses a escala global, y la complementa a escala local con la transparencia en los procesos de certificación a través de la información pública y la participación de los grupos de interés.
Ese enfoque global de justicia intrageneracional, proyectado a su vez en el futuro, es la base del apoyo que FSC tiene en todo el mundo, no solamente de las ONG ambientales, sino también de las sociales y de las de comercio justo. Hablar de FSC es equivalente a hablar de un instrumento eficaz con el que valorar los servicios ambientales, sociales y culturales de los montes. Los propietarios, las Administraciones y la industria deben ser conscientes de ello para hacer del logotipo FSC el reclamo con el que internalizar los beneficios sociales y ambientales de los montes españoles.
La España forestal despoblada y económicamente frágil puede encontrar en FSC un instrumento para recuperar mercados perdidos o acceder a otros nuevos, al tiempo que garantiza un alto nivel de conservación de los ecosistemas forestales y de sus valores sociales tradicionales, mientras que los montes productivos pueden adoptar la certificación FSC como muestra de un compromiso efectivo con la conservación ecológica, para competir en mercados exigentes medioambientalmente.
FSC seguramente no es la solución de todos los problemas ambientales y sociales del aprovechamiento de los bosques, pero sin duda ofrece el marco de trabajo desde el cual pueden conseguirse mejoras efectivas en la mayoría de los ecosistemas forestales en todo el Planeta.
Félix Romero Cañizares
WWF/Adena