Daphnia 40: Urbanismo y destrucción del territorio

Urbanismo y destrucción del territorio

Los límites del territorio.

El territorio español ha sido en el contexto europeo uno de los que ha mantenido una mayor superficie dedicada a bosques, cultivos agrícolas y zonas húmedas y naturales. Este tipo de territorio contiene no sólo importantes elementos culturales, sino que sirve de soporte a la diversidad biológica y al mantenimiento del ciclo del agua, de la calidad del aire y de otras variables ambientales

La excesiva colonización artificial del territorio incide negativamente en el desarrollo de otros sectores productivos y económicos Se está produciendo una pérdida de suelo industrial en grandes núcleos urbanos como consecuencia de las recalificaciones urbanísticas


El suelo es un factor clave para el desarrollo de casi todos los sectores económicos y, fundamentalmente, de los primarios, así como para el mantenimiento de la calidad de vida de la población, presente y futura. La mayor o menor ocupación del suelo es una de las variables más relevantes para medir la sostenibilidad de nuestro modelo de desarrollo y para evaluar sus tendencias.

Pero el territorio español ha sufrido en los últimos años un proceso de deterioro impresionante derivado de un crecimiento económico mal enfocado, sostenido en sectores productivos de elevados impactos ambientales y muy consumidores de recursos naturales, de energía y de suelo. Este crecimiento se ha basado sobre todo en la expansión urbanística, en gran parte de baja densidad y de segunda residencia, y en el desarrollo de grandes infraestructuras viarias. Aunque este modelo ha generado mucho empleo, éste ha mantenido una elevada tasa de temporalidad.

Impactos socioeconómicos

Pero no sólo existen impactos medioambientales. La excesiva colonización artificial del territorio incide negativamente en el desarrollo de otros sectores productivos y económicos.

En primer lugar, se ha producido en algunas zonas una pérdida de suelo productivo de tipo agrícola, cuyos propietarios prefieren obtener elevadas plusvalías a corto plazo derivadas de la recalificación urbanística que mantener los cultivos. Esto supone pérdida de empleo estable en la agricultura y en el sector de transformación agroalimentaria.

También se está produciendo un desplazamiento –y en muchas ocasiones pérdida– de suelo industrial, especialmente en grandes núcleos urbanos como consecuencia de las recalificaciones urbanísticas.

En muchas zonas turísticas, especialmente en las islas y en la Costa del Sol, el aumento de urbanizaciones y de infraestructuras está alterando de tal forma la calidad del paisaje y de las condiciones de habitabilidad que está empezando a impedir el mantenimiento del propio sector turístico. Los expertos y la propia patronal han dado ya la voz de alarma.

Pero quizás el problema principal es que una gran parte de la inversión total se dirige al sector inmobiliario, que es el que ha tenido en los últimos años unas tasas de beneficio más elevadas. Paralelamente, la inversión en proyectos industriales y tecnológicos, que son los que podrían generar un empleo más estable y de calidad, ha sido escasa por la colocación mayoritaria de capitales en la actividad de la construcción.

Datos alarmantes

En los últimos meses han aparecido en la prensa numerosos datos provenientes del censo del suelo que se publicó en 2004 y que fue realizado a partir del procesamiento de imágenes por satélite. Más recientemente, el Observatorio de la Sostenibilidad de España (OSE) ha analizado esta información ofrecida por el Instituto Geográfico Nacional dentro del proyecto comunitario CORINE Land Cover para el período 1987-2000.

En el periodo estudiado el crecimiento de la superficie artificial en España ha sido del 1,9% anual, frente a un 0,68 % de media europea, casi tres veces más. El origen de esta nueva superficie artificial fue agrícola (un 46%), praderas (24%) y forestal (27%).

La superficie dedicada a autovías se incrementó en un 149%, el correspondiente a las zonas industriales o comerciales en un 59% y el dedicado a viviendas en un 115%. Sobre este último sector hay que tener en cuenta que el número de viviendas visadas por los Colegios de Arquitectos en 1987 era de 250.000, en 2000 de 520.000 y en 2005 llegó a las 815.000.

Cambios en la ocupación del suelo

Un reciente informe del OSE ha analizado los cambios de ocupación del suelo. Como los más importantes, señala los siguientes:

  • Aumento extraordinario del suelo artificial, sobre todo por la expansión urbanística, especialmente en el primer kilómetro de costa y en los grandes núcleos urbanos.
  • Aumento de la superficie destinada a regadíos, a partir de zonas de secano y especialmente allí donde existe mayor escasez de recursos hídricos. Al mismo tiempo ha habido un relativo abandono de zonas agrícolas marginales, que normalmente se han ido convirtiendo en zonas de vegetación forestal incipiente. En la Comunidad de Madrid es donde más han disminuido las zonas de cultivo agrícola (un 8,9%) a consecuencia de la expansión urbanística.
  • Se han producido relevantes cambios en los ecosistemas forestales, en algunos casos por disminución derivada de incendios forestales producidos (han afectado al 13% de la superficie forestal) o de expansión de la urbanización (más de la cuarta parte del crecimiento de las zonas urbanas es a costa del bosque) y en otros casos por crecimiento derivado de la colonización fo- restal de cultivos marginales abandonados. El bosque ha disminuido en Murcia, País Valenciano y Baleares y ha aumentado en Andalucía, Aragón y Castilla-La Mancha. La disminución de la superficie forestal supone una importante pérdida de biodiversidad, riesgo de erosión del terreno y deterioro del ciclo hidrológico.
  • Respecto de las zonas húmedas y superficies de agua continental, se ha producido una disminución de las zonas naturales y un aumento de las artificiales (embalses).
    En la década de 1990-2000 la superficie urbanizada en España aumentó de media un 25%, siendo este aumento mucho mayor (en torno al 50%) en comunidades como Valencia, Madrid, Navarra y Murcia. Para el periodo 1987-2005, aunque no hay aún datos concluyentes, el OSE prevé que el aumento llegue al 41% de media, ya que la tasa de crecimiento de las superficies artificiales no ha sido lineal sino que ha sufrido una importante aceleración en estos últimos años.

Es interesante considerar también la amplitud del territorio que tiene alguna figura de protección medioambiental. Según datos de EUROPARC- España en 2005 el número de espacios naturales protegidos era de 1.115 y ocupaban una superficie de 5,1 millones de hectáreas, lo que supone el 10,24% del territorio español. Existen muchas figuras de protección, tanto estatales como autonómicas (más de 40), pero la predominante es la de parque, que supone el 70% de la superficie protegida.

Carlos Martinez Camarero. Responsable adjunto del Departamento Confederal de Medio Ambiente de CCOO

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