Daphnia 45: Joaquín Nieto. Ex-secretario confederal de Medio Ambiente y Salud Laboral de CCOO

Joaquín Nieto. Ex-secretario confederal de Medio Ambiente y Salud Laboral de CCOO

Joaquín Nieto (Mendavia, 1956) ha sido el primer secretario confederal de Medio Ambiente y Salud Laboral de CCOO. Después de dieciséis años al frente de esta responsabilidad, tiempo en el que ha conseguido que CCOO tenga una voz propia en medio ambiente, ha decidido dar un pequeño giro a su trayectoria profesional

“A diferencia de los ecologistas que actúan en el seno de una organización ambiental, lo que les permite ser una fuerza de presión muy efectiva, los sindicalistas trabajamos entre “no convencidos” “El cambio de percepción sobre las dimensiones económica, social y laboral de la agenda medioambiental no ha hecho más que empezar”

Llegaste a la Secretaría Confederal de Medio Ambiente en un momento en el que muy pocos, dentro y fuera de CCOO, consideraban que un sindicato tuviera algo que decir sobre el medio ambiente.

Tampoco muy pocos pensaban que el cambio climático iba a cambiar nuestra forma de producir y consumir la energía y provocar una tercera revolución industrial que tendrá consecuencias sobre millones de empresas y cientos de millones de trabajadores. Recuerdo que cuando fui a la Cumbre del Clima de Kioto, mis compañeras y compañeros de la Ejecutiva Confederal no entendían bien qué pintábamos allí y me parecía de lo más normal que no lo comprendieran. Ahora, sin embargo, ya lo creo que lo entienden. Tengo que darles las gracias –especialmente a Antonio Gutiérrez, que entonces era el secretario general— por la confianza que depositaron en mi trabajo y el respaldo que le dieron; sin ello nada se habría podido hacer. Ese apoyo también lo he tenido en la etapa de José María Fidalgo. Me siento muy orgulloso de Comisiones Obreras por añadir a su quehacer genuinamente laboral su permeabilidad hacia los nuevos fenómenos sociales, dando continuidad al sindicalismo sociopolítico que las vio nacer. Entonces fue la lucha por la democracia, en esta década y media ha sido el compromiso con la igualdad entre hombres y mujeres y con la protección ambiental. El cambio de percepción sobre las dimensiones económica, social y laboral de la agenda medioambiental no ha hecho más que empezar.

¿Cuál es el balance de tu gestión?

Cambiar las relaciones entre sociedad y naturaleza, que es de lo que se trata, es un desafío colosal que sólo puede hacerse con la implicación activa de toda la sociedad, incluidos los trabajadores. Hace dieciséis años me propuse un doble objetivo: implicar al mundo laboral en el medio ambiente, ecologizando el sindicalismo, y llevar la dimensión socio laboral al ecologismo. Estoy convencido de que en ambos campos hay un antes y un después; no sólo aquí, sino también en la esfera internacional. El momento, 1991, era oportuno, nos encontrábamos en vísperas de la Conferencia de Río 92, que representó una gran victoria ecologista al lograr comprometer a gobiernos e instituciones multilaterales en una agenda ambiental de clara orientación social. La dimensión económica de las políticas ambientales ha ido ganando profundidad, también la sociolaboral. Este ha sido el contexto sobre el que se ha producido la ambientalización del sindicalismo. El momento era oportuno y creo que hemos estado a la altura. No obstante, dieciséis años son muchos años, están demasiado cerca y estoy demasiado implicado como para hacer un balance con fundamento. El tiempo lo permitirá con mejor perspectiva y otras personas podrán hacerlo mejor que yo.

¿Qué retos tiene por delante la persona que ocupe tu lugar después del Congreso que se celebrará el próximo diciembre?

Creo que hoy Comisiones Obreras tiene las herramientas básicas para realizar un trabajo solvente en materia ambiental: una comprensión global de los desafíos ambientales y de su dimensión laboral, imprescindible para cualquier estrategia a largo plazo; una acertada apreciación de la identidad de intereses entre los trabajadores y la protección ambiental, pero también de las contradicciones puntuales que se dan y se darán ya que asistimos a una transición con sectores “ganadores y perdedores”; un conocimiento técnico-sindical de la temática ambiental, absolutamente imprescindible para elaborar propuestas consistentes y creíbles y negociar soluciones con las instituciones y las empresas; unas alianzas con el movimiento ecologista y con la comunidad científica, imprescindibles en una temática que desborda la esfera laboral; y, sobre todo, una red de dirigentes, responsables y delegados sindicales que cuentan con experiencia y conocimientos y con un importante apoyo técnico –sindical de ISTAS y de la red de asesores– que están en condiciones no sólo de dar continuidad a la tarea, sino de dar un gran salto en la acción sindical medioambiental en los sectores y empresas. No hemos hecho más que empezar y los buenos tiempos están por venir. Serán los próximos responsables los que tendrán la oportunidad de protagonizar ese salto, que dejará pequeño lo hecho hasta ahora y me alegro por ellos. Respecto a qué deben hacer, no voy a ser yo quién lo diga, pues no me corresponde. Ya sabrán qué hacer y cómo y probablemente lo harán mucho mejor que yo. De momento, para 2008 hay un plan de trabajo –amplio e intenso, demasiado intenso como siempre– y de aquí al Congreso no habrá vacío alguno, la dirección de Comisiones tienen demasiado aprecio a lo que se ha hecho como para dejarlo sin rumbo. Ha decidido que la responsabilidad de coordinación de la secretaría confederal quede en manos de Fernando Rodrigo, director de ISTAS, un excelente dirigente sindical, inteligente y comprometido que ha sido co-artífice de todas las políticas de la secretaría en estos años.

La posición respecto a la energía nuclear ha generado intensos debates dentro del sindicato. ¿Seguirá siendo CCOO antinuclear después del Congreso?

Eso lo decidirá la afiliación y los delegados y delegadas al Congreso… Sinceramente, no me esperaba esta pregunta y me tienta evadir una respuesta, pero entiendo que planea por ahí y creo que es mi obligación contestarla. Teniendo en cuenta la opinión abrumadora de los trabajadores al respecto –según el reciente Ecobarómetro Laboral, el 86% están por el cierre de las nucleares, 20% de manera inmediata y 66% cuando termine su ciclo de vida previsto, y el 77% no quieren nuevas centrales– y que las opiniones de los afiliados y cuadros sindicales son incluso más antinucleares, estoy convencido de que si el asunto se
trata en el Congreso, saldrá una posición en esa dirección. Si el debate se realiza sobre datos fiables, que confirmarán que la energía nuclear es demasiado cara, que no significa autonomía energética, que no hay combustible para un relanzamiento nuclear, que el riesgo de proliferación es muy serio, que no está resuelto el problema de los residuos, y que su sustitución por energías renovables es factible… no me cabe la menor duda de que la conclusión será la de posicionarse a favor de un gran acuerdo político y social para el cierre progresivo y ordenado de las centrales nucleares, con un plan puente que asegure la garantía de suministro en un nuevo escenario energético plenamente sostenible.

Ecologista y sindicalista. ¿Se puede ser ambas cosas a la vez?

Lo he sido, consecuentemente, a lo largo de estos años y como yo cientos de cuadros sindicales y miles de delegados, que hemos ejercido de buenos sindicalistas y ecologistas comprometidos. A veces las dos funciones se comparten de manera natural, es el caso de nuestros agentes forestales –a los que tanto aprecio– que hacen un trabajo sindical magnífico. Otras, la combinación es más compleja –por ejemplo en el caso de los sindicalistas de la química– porque afloran contradicciones lógicas que es necesario resolver, pero en eso consiste el arte del sindicalismo, y los sindicalistas de la química han sido unos artistas de los que me siento especialmente orgulloso. Hay que tener en cuenta que, a diferencia de los ecologistas que actúan en el seno de una organización ambiental, lo que les permite ser una fuerza de presión muy efectiva, los sindicalistas trabajamos entre “no convencidos” e incluso entre trabajadoras y trabajadores que en un momento dado pueden percibir los requerimientos medioambientales como una amenaza, a los que hay que dar soluciones válidas desde una perspectiva a la vez laboral y ambiental. Es un asunto complejo, pero cada vez será más fácil porque la economía deberá caminar hacia la sostenibilidad y lo ambiental será un vector clave en su desarrollo –como lo son las energías renovables– y la dimensión económica del medio ambiente no ha hecho más que empezar.

Javier Morales Ortiz
jmorales@ccoo.es

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