Daphnia 7: REFORMA ECOLÓGICA. Declaración de Madrid.

REFORMA ECOLÓGICA. Declaración de Madrid.

POR LA MEJORA DE LAS ESTADISTICAS AMBIENTALES, UNA REFORMA ECOLOGICA DE LA CONTABILIDAD NACIONAL Y LA CREACION DE UN SISTEMA DE INDICADORES AMBIENTALES EN ESPAÑA Madrid, 8 de febrero de 1997

Investigadores e investigadoras en cuestiones de economía y ecología, así como ciudadanas y ciudadanos preocupados por el grave deterioro ambiental que padecen nuestro planeta y nuestro país, nos hemos reunido en Madrid el 7 y 8 de febrero de 1997 para compartir reflexiones y propuestas en unas JORNADAS SOBRE REFORMA ECOLOGICA DE LA CONTABILIDAD NACIONAL.

Los índices de la Contabilidad Nacional (CN) como la renta nacional o el PIB sirven para medir la actividad económica realizada a través de los mercados; y en esta función técnica son legítimos, incluso imprescindibles. Por el contrario, y como economistas críticos y ecologistas han señalado reiteradamente, no sirven en absoluto como indicadores del bienestar humano, y ni siquiera como indicadores de la buena salud de la economía: en esta espúrea función normativa resultan inaceptables.

En la actual CN, los servicios ecosistémicos globales —que preservan un medio ambiente habitable para nosotros y para otras especies— no cuentan en absoluto. Tampoco los daños ecológicos —deterioro de sumideros, destrucción de ecosistemas, etc.— se contabilizan. Los costes compensatorios o «gastos defensivos» —que tenemos que realizar, como males menores, para protegernos contra costes sociales y efectos secundarios indeseados de la actividad económica— se registran como consumos finales, en lugar de consumos intermedios, que sería lo lógico; esto sobredimensiona injustificablemente el PIB y el PNB. Estos índices son una medida de flujos (monetarios), no de fondos o stocks: pero hoy no podemos seguir asociando las medidas de flujos —en especial si hablamos de flujos físicos— con el éxito industrial y económico. (El éxito no estriba en maximizar los flujos de energía y materias primas que atraviesan nuestros sistemas de producción y consumo, sino en maximizar el bienestar humano con una demanda mínima de energía y materias primas.) Si añadimos que lo que algunos economistas llaman la «depreciación del capital natural» —en forma de agotamiento de recursos, por ejemplo— se cuenta como un ingreso, sumándose a las cuentas en lugar de restarse —que sería lo lógico—, no resultará difícil concluir la radical inadecuación de la renta nacional o el PIB como indicadores que sirvan para guiar la ecologización de la economía o la evolución del bienestar humano.

En una situación en la cual la economía se ha matematizado y la sociedad se ha economizado, la manera en que se echan las cuentas ejerce a la postre una gran influencia en la configuración de la sociedad. Sin información estadística y contable adecuada sobre cuestiones ambientales —información de la que hoy carecemos— resulta imposible tomar decisiones correctas para proteger y mejorar el medio ambiente, ni para avanzar hacia sociedades y economías ecológicamente sustentables. De ahí la importancia de llevar a cabo una reforma ecológica de los sistemas de CN, y crear sistemas adecuados de indicadores ambientales.

Incluso si se desea traducir a términos monetarios una contabilidad ecológica, esto presupone un sistema de cuentas del medio ambiente en términos físicos, que además resulta imprescindible en muchos otros contextos de política ambiental. Muchos países (entre otros la RFA, Canadá, Francia, Noruega, Suecia, Japón o Botswana) han efectuado experiencias avanzadas de contabilidad de recursos naturales. Organismos internacionales como la Oficina Estadística de la ONU (UNSTAT), EUROSTAT, el Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA), la OCDE, el Club de Roma o el Banco Mundial trabajan también en este sentido. En nuestro país, el Ministerio de Medio Ambiente hizo pública recientemente una elaborada y bien trabada propuesta de sistema de indicadores ambientales (Indicadores ambientales: una propuesta para España, Centro de Publicaciones del Min. de Medio Ambiente, Madrid 1996).

En el curso de estas dos jornadas de reflexión hemos podido comprobar el alto grado de madurez de estos esfuerzos. Si bien quedan problemas teóricos y técnicos por resolver, los obstáculos que se oponen a las reformas urgentemente necesarias no son de naturaleza técnica, sino política. Falta la voluntad política suficiente para que como mínimo las instituciones internacionales y los organismos oficiales pongan en práctica sus propias recomendaciones, ya largamente estudiadas. En este debate ambiental como en otros, la táctica del hablar y no hacer, o incluso de hablar para no hacer, parece tristemente extendida.

Habida cuenta de lo cual, los y las asistentes a estas jornadas solicitamos al Gobierno de nuestro país y a las Administraciones públicas (especialmente el Ministerio de Medio Ambiente) que en el curso de la presente legislatura: (1) tomen las medidas oportunas para desarrollar las estadísticas ambientales de las que hoy carecemos; (2) den los pasos necesarios para poner en funcionamiento un Sistema de Cuentas de los Recursos Naturales a la altura de las necesidades de información actuales; así como que (3) tras iniciar el “amplio proceso de debate social, político y científico” que reclama la publicación del Ministerio de Medio Ambiente antes citada, pongan en funcionamiento un Sistema de Indicadores Ambientales cuyo primer esbozo bien pueden ser estos Indicadores ambientales: una propuesta para España.

Más información:

Jorge Riechmann
Coordinador del Area de Medio Ambiente de la Fundación 1º de Mayo
Zurbano, 29, 3º dcha.- 28010 Madrid
Tel: (91) 319 24 16
Fax: (91) 319 76 45

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