Daphnia 42: Jorge Riechmann. Autor de Biomímesis. Ensayos sobre imitación de la naturaleza, ecosocialismo y autocontención.

Jorge Riechmann. Autor de Biomímesis. Ensayos sobre imitación de la naturaleza, ecosocialismo y autocontención.

Es difícil seguirle la pista a Jorge Riechmann ( Madrid, 1962). Terminas de leer el que creías que era su último ensayo o libro de poemas y te enteras de que ya hay en imprenta otros proyectos. Poeta, ensayista, traductor del francés y del alemán, profesor de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Barcelona e investigador del ISTAS, ha publicado recientemente Biomímesis (Los libros de la catarata, 2006), una invitación a la buena vida desde el ecosocialismo. La respuesta a la crisis ecológica, asegura, podemos encontrarla en la propia naturaleza

“Podemos aprender de los ecosistemas identificando rasgos básicos de su funcionamiento que sean trasladables a los sistemas humanos”

El mundo está lleno, ¿hemos traspasado ya el límite en el que la acción humana sobre laTierra sea irreversible?

En cierto sentido hay un elemento de irreversibilidad en toda acción humana,sencillamente por "la flecha del tiempo", la irreversibilidad del flujo temporal . Pero el peligroahora es que atravesemos ciertos umbrales de irreversibilidad que afectan a la calidad de la biosfera de manera que ésta se empobrezca y se vuelva mucho menos acogedora para la vida. Esto sucede, en particular, en lo que atañe a la actual hecatombe de biodiversidad y al calentamiento climático. Los científicos del IPPC (Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático) y los políticos de la Comisión en la Unión Europea creen que ir más allá de dos grados de incremento de temperatura sobre los niveles preindustriales podría desencadenar una transformación catastrófica de la biosfera. No hemos alcanzado todavía ese límite, pero estamos cerca de hacerlo si nuestras sociedades y economía no cambian muy rápidamente, descarbonizándose" y empleado la energía de modo más austero y racional.

La respuesta a la crisis ecológica está en la naturaleza, ¿qué tenemos que aprender de ella?

El principio de biomímesis, que desarrollo junto con otras ideas en este libro, nos indica que podemos aprender de los ecosistemas identificando rasgos básicos de su funcionamiento que sean trasladables a los sistemas humanos. Semejante estrategia de eco-compatibilidad o coherencia entre sistemas socioeconómicos humanos y sistemas naturales sería un paso muy importante hacia la reconciliación entre humanidad y naturaleza. Nos conduciría a emplear energías renovables, cerrar los ciclos de materiales, restringir el transporte a larga distancia, re-centrar las economías sobre el territorio... Son muchos quienes piensan que la respuesta, por ejemplo al cambio climático, vendrá de la mano de la ciencia y la tecnología, lo que tú llamas tecnociencia.

¿Puede la tecnociencia resolverlo todo?

No, de ninguna manera. La ciencia y la tecnología pueden y deberán aportar mucho -por ejemplo, nuevos sistemas de almacenamiento para energía procedente de fuentes renovables, o nuevas células fotovoltaicas de base orgánica más eficientes y baratas que las actuales de silicio-, pero los principales cambios que necesitamos son institucionales, políticos y morales. Biomímesis y ecoeficiencia son principios que en buena parte remiten a mejoras tecnológicas y organizativas, pero sus beneficios serán rápidamente anulados si no practicamos un vigoroso principio de autolimitación, de autocontención. Detrás de la crisis ecológica está la "obsesión productivista" de nuestras sociedades.

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¿Es posible el progreso sin crecimiento económico? ¿Crees que habría algún partido político dispuesto a llevar en su programa electoral una propuesta de crecimiento cero de la economía?

Claro que es posible el progreso sin crecimiento económico. Puede mejorar cualitativamente la condición humana sin que aumente el trasiego de materiales y energía a través de nuestros sistemas productivos, que es el tipo de crecimiento verdaderamente cuestionable (acoplado de manera no necesaria sino contingente con el crecimiento de magnitudes contables como el PNB o el PIB, con cuya evolución nos obsesionamos). En cuanto al potencial electoral de una propuesta de crecimiento cero, en primer lugar, probablemente no habría que formularlo así. Pero, en segundo lugar, hoy el riesgo al que nos enfrentamos si seguimos adelante con el business as usual es, no ya un estancamiento económico, sino un desplome catastrófico de la economía, según ha quedado claro para todo el mundo, al menos desde la publicación del Informe Stern sobre las consecuencias socioeconómicas del calentamiento climático. El aumento del PIB como generador de riqueza es también una idea compartida por la izquierda. De hecho, estableces un paralelismo entre el fetichismo de los economistas respecto al PIB y el de los sindicalistas respecto al empleo.

¿Se puede crear empleo sin crecimiento económico?

Sin duda, se trata de una idea muy difícil de trasladar al mundo sindical. Lo importante es el acceso a los bienes básicos para llevar una vida decente, tenga uno empleo o no. El crecimiento de la precariedad y la inseguridad existencial de capas amplias de la población -sobre todo jóvenes y mujeres- durante los últimos lustros de auge de las políticas neoliberales ha tenido como contrapartida el desarrollo de muchos bienes y servicios low-cost, que garantizan cierto nivel de paz social. Ahora bien, es impensable hacer frente a la crisis ecológica sin interiorizar gran número de costes externos, "externalidades" de tipo social y ecológico. Esto choca contra la expansión del low-cost y, por tanto, pone en peligro esa especie de pacto social neoliberal (tú aceptas la precariedad y, aunque no puedas acceder a una vivienda digna, podrás comprarte un coche o volar barato a destinos exóticos). Cabe concebir una estrategia sindical ofensiva que combinase elementos de reparto del empleo y una propuesta de nuevo pacto social, antagónico al neoliberal, que ofreciese seguridad (en las distintas dimensiones de la existencia humana y, en particular, en el acceso a esos bienes básicos de los que hablábamos antes) a cambio de que la sociedad aceptase la idea de responsabilizarnos de nuestros actos, asumiendo los costes sociales y ambientales de los mismos. Sería el final del empleo basura, de la comida basura, de los vuelos baratos...Se puede ver como una recuperación del Estado social y democrático de derecho (mal llamado Estado del bienestar) que incorporase centralmente la dimensión ecológica. Esta estrategia podría plantearse un pleno empleo creíble en las nuevas condiciones en las que nos encontramos. Por sus características intrínsecas, la sustentabilidad, la superación de la crisis ecológica es incompatible con el capitalismo. Tu apuesta es una apuesta ecosocialista.

¿Pero qué significa hoy ser socialista? De hecho hablas de un socialismo de mercado. ¿Existe algún modelo en la actualidad en el que mirarnos?

Creo que un socialismo del siglo XXI debe seguir anclándose en los valores básicos de siempre-igualdad, libertad, democracia en cuanto autogobierno- y añadir el valor básico de sostenibilidad ecológica. Actualmente, no hay "modelos" si por modelo entendemos un país que esté transformándose de acuerdo con tales valores; pero sí que hay realizaciones parciales, y experiencias prácticas de mucho interés en distintos lugares del mundo. Autocontención, austeridad, frugalidad. No son valores que encuentren mucho acomodo en la sociedad de consumo.

¿Quién va a estar dispuesto a renunciar a su estilo de vida para salvar al planeta?

El estilo de vida insostenible que prevalece en las zonas más ricas del planeta representa una absoluta anormalidad en términos históricos. Muchas culturas han desarrollado formas satisfactorias de vida humana que acarreaban un consumo mucho menor de energía y materiales. Nuestros propios abuelos se hallaban en una situación así, y aunque buena parte de esa población española de hace algunos decenios padeciese carencias sociales y materiales (subsanables con un impacto ambiental relativamente bajo), no podemos decir que sus vidas no mereciesen ser vividas. El nivel de vida material de las clases acomodadas de la Europa de hace un siglo era sostenible, y a mi entender no se trataba de una mala vida. Hoy podemos pensar en formas de vida buena todavía más avanzadas y satisfactorias que aquéllas con un impacto sobre la biosfera que sólo represente una fracción de la actual. Una importante vía de avance que concuerda con importantes tradiciones de la izquierda y del movimiento obrero hoy demasiado olvidadas (cooperativismo, mutualismo, redes de apoyo mutuo...) sería la de los consumos colectivos (que en general "pesan" mucho menos sobre la biosfera que los consumos individualizados del capitalismo).

¿Puede hacer algo la poesía por el medio ambiente?

Contesto a eso de la mejor manera que sé en una antología de mis poemas de tema ecológico, Con los ojos abiertos, que se publicará en Ediciones Baile del Sol después del verano.

Como Heráclito, ¿aún sigues esperando lo inesperado?

Claro que sí. En eso sigo haciendo pie.

Javier Morales Ortiz

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