Daphnia 51: Tres vértices de un mismo triángulo

Tres vértices de un mismo triángulo

Salud, medio ambiente y pobreza.

La salud ambiental engloba todos los factores de riesgo y protectores (físicos, químicos y biológicos) presentes en el medio ambiente, que afectan a la salud y que además aumentan los comportamientos no saludables (por ejemplo la inactividad física) desde una perspectiva centrada en la promoción y creación de ambientes saludables y en la prevención de las enfermedades.

“La primera ley del riesgo medioambiental es que la contaminación persigue a los pobres” (Beck, 1999)

La OMS estima que el 25% de las enfermedades prevenibles y hasta trece millones de muertes anuales están directamente causadas por factores ambientales modificables, siendo las más frecuentes las diarreas (asociadas al consumo de agua no potable, el saneamiento y la higiene insuficientes); las infecciones de las vías respiratorias inferiores (relacionada en gran medida con la contaminación ambiental, la utilización de combustible sólido en los hogares, la exposición pasiva al humo del tabaco y la exposición ocupacional); las lesiones por accidentes (ocupacionales, accidentes industriales y accidentes de tráfico); y la malaria (asociada a los cambios en los usos del suelo, la ordenación de los recursos hídricos, la ubicación y diseño de los asentamientos humanos y el calentamiento global).

Es fácil deducir que estos efectos perjudiciales para la salud no se distribuyen equitativamente entre la población mundial. En los países desarrollados la esperanza de vida puede superar en treinta años a la de los países en desarrollo. Las desigualdades medioambientales y sociales en salud vienen marcadas por la pobreza (estatus socio-económico), el género, la raza/etnicidad y la edad (niños y mayores), entre otros. Estos colectivos están más expuestos a los riesgos medioambientales, que impactan en su bienestar y en su calidad de vida y merman su capacidad de respuesta y adaptación Se da la paradoja de que, con su estilo de vida y nivel de consumo, degradan menos el medio ambiente y son los que aportan menos al incremento de los factores de riesgo ambientales, lo que agrava la injusticia de este problema de salud pública.

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Un ejemplo paradigmático de esta situación es el de las consecuencias para la salud del cambio climático. Las alteraciones del clima afectan ya en mayor medida a los países con menores emisiones de gases de efecto invernadero que, en términos generales, son a su vez los de menor PIB. Así, por un lado los eventos climáticos extremos son más frecuentes en las áreas geográficas más empobrecidas y, por otro, sus consecuencias en salud son más devastadoras allí debido a su situación socioeconómica de partida y menor resiliencia. Otros efectos en la salud del cambio climático como el aumento de enfermedades de transmisión hídrica y alimentaria, los cambios en la distribución de enfermedades vectoriales (malaria, dengue...) y el aumento de las hambrunas por la disminución de la productividad agrícola, también son mayores en los países en desarrollo.

En nuestro entorno, estas inequidades en la salud como consecuencia del cambio climático se observan también en los efectos de las olas de calor cada vez más frecuentes, como la sufrida en 2003. El colectivo más vulnerable son las personas ancianas que residen en ciudades y que cuentan con pocos recursos económicos. También en las capitales europeas, los estudios de justicia ambiental muestran cómo las poblaciones de barrios desfavorecidos, que son los que menos contaminan per capita (sus habitantes tienen menos recursos económicos y no disponen, por ejemplo, de un coche por familia) son los que más expuestos están a la contaminación atmosférica urbana y los que menos acceso tienen a ambientes saludables como zonas verdes.

La reciente crisis humanitaria provocada por el terremoto de Haití se ha visto agravada por tratarse de uno de los países más pobres y con menor esperanza de vida del mundo. Esta situación está ligada íntimamente a los alarmantes índices de deforestación que sufre el país y que ha provocado un agravamiento de la aridez de los suelos y la disminución de su productividad agrícola, viéndose así el país aquejado por una terrible hambruna desde hace años. Se trata de un ejemplo que muestra la radical importancia de la preservación de los recursos naturales y de los ecosistemas y su biodiversidad, pues son los verdaderos proveedores de los bienes y servicios garantes de una vida humana saludable y sostenible.

La dimensión global y planetaria de la salud medioambiental va más allá de otros problemas de salud pública más centrados en el individuo o en la escala local. En este sentido, se precisa de una visión ecosistémica, ya que cualquier agresión al medio ambiente repercute en toda la población del planeta y, del mismo modo, cualquier medida de protección nos beneficia a todos. Por eso, y desde una perspectiva de justicia ambiental, es fundamental conseguir el compromiso para establecer y fortalecer los mecanismos de participación y regulación intersectorial, tanto a nivel internacional como a escala local y comunitaria. Mecanismos que deben asegurar la protección de la salud frente a los riesgos medioambientales, teniendo en cuenta las desigualdades y vulnerabilidades inter-comunitarias, y cuyo objetivo debe ser conseguir una distribución equitativa de los beneficios que la preservación del medio ambiente tiene sobre la salud.

Oriana Ramírez Rubio
Estudia en la actualidad los factores ambientales y ocupacionales que impactan en la salud de los trabajadores de la caña de azúcar en Nicaragua.
Amai Varela González
Trabajan en un documento de situación sobre el cambio climático y la salud en el Ministerio de Sanidad y Política Social.

Ambas son médicas y residentes de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Comunidad de Madrid.

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